Categoría: Yo, conmigo.

  • ¿Cómo saber qué quiero realmente y no solo lo que se espera de mí?

    ¿Cómo saber qué quiero realmente y no solo lo que se espera de mí?

    Sabes lo que toca.
    Sabes lo que esperan de ti.
    Sabes lo que necesitan los demás.

    Pero… ¿sabes lo que quieres tú?

    A muchas mujeres nos han enseñado a ser responsables, resolutivas y fuertes, a cuidar de los demás, a callarnos, a evitar llorar y a cumplir con lo que se espera de nosotras.

    Y cuando llevas muchos años funcionando así, ya no sabes si lo que haces está bien o está mal, si las decisiones que tomas nacen de lo que realmente quieres o de lo que has aprendido que debes hacer.

    Y la pregunta es corta, pero no siempre fácil de responder:

    ¿Qué quiero yo?

    Cuando llevas mucho tiempo haciendo lo que toca

    A veces no es que no sepamos qué queremos. Es que funcionamos en automático, tan acostumbradas a tener en cuenta a todo el mundo que nuestra propia voz queda relegada.

    Puede pasar en decisiones importantes, pero también en cosas aparentemente pequeñas: aceptar un plan que no nos apetece, seguir en un trabajo que ya no nos llena, callarnos para evitar una discusión o asumir una responsabilidad porque pensamos que, si no lo hacemos nosotras, nadie lo hará.

    Y así, poco a poco, podemos acabar viviendo una vida que funciona por fuera mientras por dentro algo nos pide parar.

    Porque quizá piensas:

    “Pero si mi vida está bien. ¿De qué me voy a quejar?”

    Y puede ser verdad.

    Tu vida puede estar bien.

    Y tú, aun así, puedes sentir que algo no encaja.

    Quizá aparezca en forma de cansancio, de irritación, de falta de ilusión o simplemente de esa sensación difícil de explicar:

    “No sé qué me pasa, pero no estoy bien.”

    A veces la respuesta aparece antes en el cuerpo

    Quizá no sepas explicar qué quieres, pero sí sabes cómo te sientes cuando piensas en una opción.

    Te ahogas.
    Se te hace un nudo en el estómago.
    Notas tensión en los hombros, dolor de lumbares.
    Estás irritable por cualquier cosa.

    Dices que sí y, en cuanto cuelgas el teléfono, piensas:

    “¿Por qué he dicho que sí?”

    O quizá ocurre justo lo contrario.

    Piensas en hacerlo y te entra energía. Te ilusiona. Te notas diferente.

    No siempre es tan evidente. A veces solo aparece una frase:

    “No sé qué me pasa, pero no estoy bien.”

    O esta otra:

    “Sé que debería estar contenta, pero no lo estoy.”

    Y aquí hay algo importante: sentir miedo no significa necesariamente que no quieras algo.

    Puedes querer cambiar de trabajo y tener miedo.

    Puedes querer poner un límite y sentir angustia.

    Puedes querer dar un paso y notar que tu cuerpo se frena.

    Por eso no se trata de obedecer ciegamente a lo que sientes, sino de parar y escuchar qué te está pasando.

    Prueba esto antes de decidir

    La próxima vez que tengas que tomar una decisión, para un momento y pregúntate:

    ¿Qué me estoy contando?

    Quizá piensas:

    “Ahora no puedo.”
    “¿Qué van a pensar?”
    “Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?”

    ¿Qué me pasa cuando pienso en hacerlo?

    ¿Me alivia? ¿Me angustia? ¿Me ilusiona? ¿Me enfada? ¿Me da miedo?

    ¿Y qué noto en mi cuerpo?

    ¿Respiro mejor o me ahogo?
    ¿Me relajo o me tenso?
    ¿Siento un nudo? ¿Me entra energía?

    No necesitas tener la respuesta.

    Solo necesitas empezar a escucharte.

    Y quizá después puedas hacerte una pregunta más:

    Si durante un momento no tuviera que quedar bien con nadie, ¿qué elegiría?

    No significa que tengas que hacerlo.

    Significa que, por un momento, te has permitido escucharte a ti antes que a los demás.

    Y quizá descubras algo.

    Quizá quieras seguir donde estás, pero de otra manera.

    Quizá necesites decir que no.

    Quizá necesites pedir algo.

    Quizá necesites cambiar.

    O quizá todavía no lo sepas.

    Y también está bien.

    No siempre necesitamos tener clara la respuesta para empezar a escucharnos.

    1clic

    A veces no es que no sepas qué quieres. Es que llevas tanto tiempo escuchando a los demás que has dejado de escuchar lo que te pasa a ti.

    — Juncal Vigil

    Pausa y Palabras